El sábado pasado nos fuimos de paseo hasta Alcalá de Ebro, la Ínsula Barataria en el Quijote. Con las amigas futboleras y los amigos Ebronautas, nos subimos en unas canoas y pusimos rumbo a Cabañas. Fueron unas tres horas remando a favor de la corriente y esquivando ramas, trncos y demás obstáculos perdidos por el río.Aunque la zona por la que navegamos es muy tranquila y el Ebro hace amplias curvas, en cuanto uno se ve solo en la barca, parece que el río se empina y la corriente se hace más fuerte. Esa sensación se acaba cuando se adquiere confianza y empienzan a doler los brazos y los riñones de tanto remar; entonces se echa de menos un poco más de corriente.

Desde dentro, el Ebro es un río tan sorprendente como desde las orillas. La barrera de árboles que normalmente no deja ver el río sirve en esta ocasión para dejarte prácticamente aislado del resto del mundo. Parace que es un mundo cerrado por los lados y que sólo tiene continuidad por delante y por detrás.
Sin embargo, no es un mundo lineal y monótono como el de las autopistas. En el Ebro hay curvas, hay islotes, canales secundarios que se pueden recorrer, barrancos y ríos que vierten sus aguas... Y también hay mucha vida. De lado a lado cruzan los milanos negros, las garzas imperiales remontan las aguas y las garcillas o las cigüeñas esperan confiadas hasta que las barcas se acercan.
Mientras, por debajo suceden mil cosas de las que uno ni se entera por el color pardo intenso que tiene el agua. Remando y remando, unas veces se tiene la sensación de estar casi en el Amazonas, puesto que las orillas se ven muy lejos y la masa de agua parece infinita. En ese momento, una palada pega en algo duro y nos devuelve a la realidad de un río mediterráneo que en muchas zonas no tiene ni medio metro de profundidad.
Y mientras me fijaba en todo esto, mientras solitario en mi canoa me evadía completamente de todo lo que me rodea habitualmente, tenía que esforzarme por esquivar a las futboleras locas en sus canoas, que equipadas por parejas se empeñaban en abordarme, en abordase, en chocarse contra los troncos situados en plena corriente, en encallar en cualquier barrizal...
Existen pruebas gráficas de todo ello, aunque no me resulta posible poner todas aquí. Tampoco son de gran calidad, porque resulta un poco complicado llevar el remo y la cámara, aunque se aprecia claramente cómo Amparo y Marta capuzaron de campeonato. Además, el equipo era más bien cutre. La cámara se la regalaron a mi madre estas Navidades y cuando me la ofreció le dije que la tirara a la basura, pero me equivoqué. Así que la guardo para la próxima bajada.La experiencia fue magnífica y os la recomendamos a todos.

Habrá una tercera vez (esta era la segunda).

4 comentarios:
Experiencia inigualable!! yo hice el descenso con los Ebronautas.. hara un añito... no es porque sean geologos, no es porque sean colegas... pero de verdad probar a bajar en canoa...
no os arrepentireis.
besos al foro.
otra geologa (silvia)
Hola!
¿Esta Silvia que escribe es la futura Apañadica? Bienvenida, pues!
Nos lo pasamos genial en el río y repetiremos cada fin de temporada.
Pepe, quiero copias de las fotos!
besos
Paula
Ojo no se augue naide en estas aventuras que en septiembre tenemos que estar todos!
Por cierto, Pepe, 1 semana ya sin actualizar el blog...toy indignao.
DANI el primo con tiempo libre.
Yo si que estoy indignao!! Con las ganas que tengo que hacer esta bajada y vais con mis futboleras preferidas y no me avisais! Tenemos que hablar mas, que os lo pasais siempre muy bien, jeje. Menos mal que a tomar vinos si me invitais.
Saludetes,
Iñaki.
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