sábado, 21 de abril de 2007

Los hermanos tractoristas

Mientras en otro lugar, a doscientos kilómetros, Raquel se iniciaba en el control del balón, mi hermana y yo aprendiámos con gran interés el funcionamiento de los vehículos a motor. Como se ve en la foto tomada en Ribota hace unos añitos, entre los dos podíamos llegar a los pedales y eso, pero uno solo...
Así que entre excursiones y escaladas al mítico Ebro (creo que era el de Fernando, aunque Juan Manuel también tenía uno muy parecido, aunque por entonces me parecían ambos igual de enormes) y algunas lecciones con la Seat Trans, gentileza de Perico (más otras de propina que nos daba Juan), aprendimos a conducir antes de hacer la primera comunión.
Quizá esto explica porqué en la actualidad hay algunas personas que se chupan todos los viajes al volante, mientras otras se los pasan soñando en meter goles como los de Maradona o Mesi.
Lo cierto es que llevar el coche, y mucho más el tractor, por los caminos tenía una parte de emoción que lo hacía fantástico. Hasta que me fui terraplén abajo con el Ebro de Juan Manuel y su remolque con unos cuantos cajones de peras, y me llevé uno de los mayores sustos de mi vida.
No se si sería por el susto o por qué, pero en esto Aurora también me pilló ventaja pronto. Parece mentira que tenga su pedazo de coche muerto de risa en la plaza de aparcamiento. Ahora ha vuelto a sus orígenes y se ha comprado una bicicleta plegable, como la primera que tuvimos en casa y que había que llevar a todas partes doblada en la parte de atrás del seiscientos.
Si os apetece ver a estos míticos tractores Ebro en acción, este vídeo es inmejorable (aclaro que no conocemos a nadie de los que salen).

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